Técnica: Talla en madera de pino intervenida con acrílicos.
Dimensiones: 84 x 113 cms
Este marco, no es meramente un borde, sino un portal forjado en la paciencia de la madera y vestido de sueños líquidos. Su color, un lavanda nacarado, parece haber bebido la luz tenue del crepúsculo. La superficie cede a un relieve orgánico y juguetón, donde el ébano de la sombra teje un laberinto de contornos caprichosos.
Son los meandros de una mente onírica, un mapa táctil de lo invisible. Las formas oscuras son ríos de tinta en la memoria, salpicados por pequeñas perlas lilas, como lágrimas de cuarzo o semillas de una idea que espera florecer.
El vacío central no es ausencia, sino promesa: es el lienzo en blanco, el ojo de una tormenta de quietud, esperando capturar un fragmento de la eternidad. Ideal para enmarcar un espejo, transformaría cualquier estancia en una galería personal, convirtiéndose en una pieza extraordinaria y central para el hogar, un reflejo del arte y el alma. Es el recipiente donde la realidad se suspende, enmarcada por la danza etérea y púrpura de lo subconsciente.










