Técnica: Talla en madera de caoba.
Dimensiones: 38 x 20 cm. aprox.
En esta obra, la materia deja de ser inerte para convertirse en un testimonio vivo de la totalidad. Desde la base, una textura rugosa evoca la firmeza de la tierra y la memoria de las raíces que sostienen el espíritu. De sus grietas emerge un núcleo vibrante, un calor que palpita como el fuego interno de la creación, fundiéndose con un cauce de agua que fluye en un ascenso constante hacia el origen.
Corona la pieza el batir de alas de una gaviota, ese aire que otorga libertad y perspectiva al conjunto. No se trata de fuerzas aisladas, sino de una unidad donde lo denso y lo etéreo convergen en armonía. La escultura se transforma así en el quinto elemento: esa esencia invisible que une el pulso del cosmos con la herencia de la tierra. Es el retorno al centro, un viaje donde el instinto del artista logra atrapar lo intangible en una forma eterna.





