Técnica: Talla en madera de pucté y acrílicos fluorescentes.
Dimensiones: no disponeble.
Desde las profundidades de la madera de pucté, un sol interior emerge, esculpido en un eterno espiral de vida. No es fuego lo que arde, sino el despertar, la conciencia que se derrama, licuándose en el abismo de lo conocido.
De esta forja primigenia, brotan hebras, tentáculos de color que rasgan la penumbra: son los senderos del pensamiento, las sinuosas rutas de la intuición y el deseo. Se entrelazan, vibrantes y rebeldes, creando una corona de la visión. Para intensificar su energía, se han utilizado acrílicos fluorescentes, que en la oscuridad revelan la luz perpetua de su esencia.
Esta pieza es un eco tangible del instante en que la verdad multicolor irrumpe en la quietud. Imagine la increíble oportunidad de poseer este portal a la aurora interior, un tótem de epifanía en su propio santuario.












