Técnica: Talla en madera de Pino.
Dimensiones: 121 x 74 x 4 cms.
«Del Cáliz brota la Zōḗ; la vida que florece para siempre.»
Esta pieza es un umbral donde lo sagrado y lo imperecedero convergen. En su centro, el Cáliz de la Consagración se alza como un sol de oro, el punto de origen donde el sacrificio se transforma en banquete. No es una cruz de muerte, sino un Lignum Vitae (Árbol de la Vida) que desafía la inercia del madero seco.
El título, derivado del griego Zōḗ, hace referencia a la vida divina y absoluta. De la copa dorada emana una fuerza invisible que nutre el entorno, materializándose en un denso follaje de tonos turquesa y esmeralda. Cada hoja tallada es un latido de resurrección, una prueba de que la gracia es una sustancia viva que reverdece lo que toca.
La obra invita al espectador a contemplar el misterio eucarístico no como un rito estático, sino como una explosión biológica de esperanza. Aquí, la fe no se piensa, se respira a través del color; la eternidad no se espera, florece en el presente. Es el triunfo de la savia divina sobre la sombra, el abrazo eterno entre el Creador y su creación.










